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Historia del Baccarat


El baccarat ha sido siempre uno de los juegos más solicitados en los casinos. Como la mayoría de los juegos de azar, su origen es confuso, datándolo una gran parte de historiadores en la Edad Media, y señalando la baraja de tarot como su comienzo. Otro de los posibles orígenes del juego es el juego francés del 21 (vingt-en-un), del que también surgió el blackjack. Tanto en el baccarat, como en el blackjack, como en el originario 21, el objetivo del jugador es vencer a la banca acumulando una carta tras otra, sumando los resultados y esperando llegar a una cifra concreta sin excederla.


 

Por su nombre, podemos deducir que el baccarat tal y como lo conocemos nació en Italia. La palabra italiana “baccará” significa “nada”, que es el valor que se le otorga a las figuras y a los dieces en este juego. Una de las teorías es que el juego ya se conocía en Italia, y que en algún momento del siglo XV se introdujo en Francia. El motivo fue que el monarca actual, Carlos VIII, se enamoró del juego en una visita al país transalpino.

Con el paso de los años, el baccarat se volvió tremendamente popular en los incipientes casinos de la Riviera francesa, que se encuentran entre los primeros casinos nacidos en Europa. En estos locales el juego original comenzó a modificarse, naciendo algunas variantes que se jugaban bajo el mismo techo. Pronto, la clientela comenzó a interesarse mayoritariamente por una versión en concreto, la que ellos apodaron “chemin de fer” (camino de hierro, o vía de ferrocarril). Pero no será esta la variedad que hoy día conocemos como baccarat. Esa se la debemos a los ingleses.


 


Al igual que pasó de Italia a Francia, el juego cruza en el s.XVIII a Inglaterra. Eran años en los que el Imperio Británico se extendía por todo el mundo, lo que ayudó a expandir el juego por los cuatro rincones del planeta de la mano de los soldados ingleses que echaban las barajas en sus petates para soportar mejor la estancia en tierras hostiles. El juego vuelve a ser conocido como baccarat, obviando su paso por Francia, y es así como se exporta a todo el mundo y acaba llegando a los Estados Unidos al mismo tiempo que la ciudad de Las Vegas comienza a nacer en el desierto, a mediados del siglo XX.

La inauguración del casino Dunes de Las Vegas, a mediados de la década de los 50, vino acompañada de fiestas y luces, además de otros reclamos, como la presentación en exclusiva del juego del baccarat en los Estados Unidos. Tal fue su éxito que en pocos días se podía jugar en cualquier casino de Las Vegas. Al ser un juego nuevo y bastante exclusivo, pronto captó la atención de los grandes apostadores y de las clases más pudientes, por lo que el baccarat se entendía principalmente como un juego de grandes sumas.

 

 


Para hacerlo más accesible a toda clase de público, se creó en la década de los 80 el llamado Mini Baccarat, que aunque seguía las reglas de original, implicaba menos cantidades de dinero, con lo que el juego volvió a ser popular para la gran masa.