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Historia de la Ruleta



Pese a que la figura de la ruleta ha aparecido en diversas épocas de la humanidad desde hace muchos siglos, no hay constancia de que se haya empleado como parte de ningún juego de azar antes de bien entrada la Edad Media.

Recibe su nombre del término francés “roulette”, pues la mayoría de las teorías señalan el país galo como origen. El padre del juego es el matemático Blaise Pascal (1623-1662), quien investigó profundamente la teoría matemática de la probabilidad o los movimientos continuos. Sabiendo eso, es lógico pensar que Pascal estaba destinado a inventar la ruleta. Se dice que el interés del matemático por este y más juegos le llegó al conocer a Madame de Pompadour, cortesana francesa que fue amante del rey Luís XV.


 


En octubre de 1658 Pascal publicó su libro “Historia de la Ruleta”, basándose en los escritos de Roberval, sabio francés que había sido uno de los pioneros en estudiar este elemento. Con este libro, se dice que Pascal comenzó la época dorada de los casinos de juego, de sus estudiosos y de sus metodologías.

Durante cerca de dos siglos, la historia de la Ruleta avanza bien poco. El diseño original de Pascal solo es alterado en 1842, cuando los hermanos François y Louis Blanc, también franceses, agregan el cero a los números de la Ruleta, que pasa a tener entonces 37 números y, gracias al 0, más probabilidades de ganancias para la casa. Como curiosidad, todos los números que aparecían en la ruleta sumados alcanzaban la cifra de 666, con lo que ello implica para los jugadores supersticiosos, dejando muchos de ellos de jugar por miedo al mismísimo diablo.

Los hermanos Blanc pasearon la ruleta con mucho éxito por toda Europa, colocando el juego en casinos recién nacidos pero de tanta importancia histórica como el Baden-Baden (Alemania) o el lujoso casino de Luxemburgo. Mientras, en Francia, la familia Grimaldi perdía sus tierras, quedándose únicamente con unos pocos kilómetros cuadrados en el Mediterráneo. Era el año 1861, y la princesa madre, Carolina, sugirió entonces a su hijo Carlos III que se pusiera en contacto con los Blanc, comenzando así la historia del Casino de Montecarlo. Y ya que los Grimaldi conocían la mala fama que por muchos lugares de Europa la ruleta iba cogiendo, ya que los grandes perdedores habían tomado por costumbre suicidarse por culpa del juego, la familia real de Mónaco hizo coincidir la inauguración de su flamante casino con la prohibición de la venta de armas de fuego en todo el principado.

 

La vinculación de la familia Blanc no acabó ahí, ya que el hijo de Francois, Camille, siguió los pasos de su familia. Suya es la famosa frase "noir ou rouge, C'est toutjours le blanc qui gagne" (negro o rojo, siempre gana el blanco), en alusión a su propio apellido (blanc = blanco). En los años siguientes, la ruleta siguió popularizándose por toda Europa, encontrando jugadores tan célebres como el escritor Fiodor Dostoievski.

En el siglo XIX el juego pasa a Estados Unidos, habiendo constancia de partidas organizadas por el mismísimo George Washington. La ruleta tendrá en este país sus propias reglas, siendo conocida como ruleta americana para diferenciarla de la francesa.

A partir del primer tercio del siglo XX, las ruletas proliferan en todos los casinos del mundo, siendo uno de los juegos más practicados y, sobre todo, más estudiados, ya que levanta auténticas pasiones.